CUANDO HURACÁN Y NEWBERY COMPARTIERON CASA EN UN LUGAR INSÓLITO

Escenario del nacimiento del fútbol comodorense con clásicos de antaño y partidos contra tripulaciones de barcos extranjeros.   

elias barakhian

agosto 30, 2024

El fútbol comodorense comenzó a figurar en el mapa nacional entrada la década del ’70 con la excursión de Huracán por los Torneos Nacionales y luego CAI en la B Nacional durante casi 10 años.

Pero la pasión por el fútbol en la Capital Nacional del Petróleo yace desde 1909, donde comienzan a tomar forma los primeros clubes de la ciudad.

En la génesis del fútbol los clubes nacían de acuerdos entre grupos de amigos y compañeros de trabajo que, reunidos en bares, cafés o espacios públicos, daban origen a instituciones que prevalecen al día de hoy.

Jorge Newbery, que este 2024 celebra su Centenario, es uno de ellos. Sus primeros años de historia fueron bajo el nombre de Nacional Foot-ball Club, y desde su origen gestó una rivalidad con Gimnasia y Esgrima, del que luego se desprendería Huracán. Con un deporte en pleno crecimiento y acogiendo cada vez más adeptos, los clásicos no tardaron en llegar.

El escenario principal para los partidos más convocantes de la época estaba en un lugar inimaginable en la actualidad: una cancha emplazada en pleno centro, entre calles Moreno y Güemes, a la vera de avenida Rivadavia. Actualmente el espacio está ocupado por el edificio de la Municipalidad, el patio del Correo Argentino y la Seccional Primera de la Policía del Chubut.

Durante varios años, sobre todo en la década del ’20,  fue sede de los encuentros más importantes que disputaban algunos de los principales equipos de la ciudad. En ese entonces, Nacional (hoy Jorge Newbery), Gimnasia y Esgrima y luego Huracán, compartían casa para llevar a cabo sus duelos, que ya eran unos auténticos clásicos, y también cotejos contra tripulaciones de barcos extranjeros que amarraban en el puerto de Comodoro.

El fútbol no era el conocido en la actualidad. El roce y la rispidez para la práctica del deporte era una parte casi infaltable. Las riñas dentro y fuera del campo eran moneda corriente e incluso estaban normalizadas. El terreno, como no podía ser de otra manera, estaba en consonancia con el estilo de juego de la época.

Las primeras canchas surgían de baldíos medianamente desmalezados, llenos de piedras y hasta fósiles marinos propios del terreno comodorense. El viento que traía la tierra barrida desde el oeste tornaba casi imposible el desarrollo de los encuentros, pero las ganas de jugar eran más fuertes que las propias ráfagas.

Así lo describió Luis Siccardi en un testimonio recuperado en el libro Crónicas del Centenario: “Jugar allí al fútbol requería aliento de héroe. Y eran de verdad auténticos héroes del deporte, los que allí, en esa canchita inverosímil, pedrero vivo, se prodigaban en la gambeta, en el quite, en la atajada”.